El Lago Llanquihue constituye uno de los territorios más relevantes del sur de Chile. Es el segundo lago más grande del país y está rodeado por cuatro comunas —Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar y Puerto Octay— reconocidas a nivel nacional por su atractivo turístico, patrimonio, actividad productiva y calidad de vida. A ello se suma su cercanía con Puerto Montt, principal polo económico y de servicios de la Región de Los Lagos, y con el aeropuerto El Tepual, la principal puerta de entrada aérea de la zona. Estas condiciones convierten a la cuenca en un espacio con un enorme potencial, pero también con desafíos comunes que difícilmente pueden ser abordados por cada municipio de manera aislada.

Precisamente para enfrentar esos desafíos nació una idea que parecía tan necesaria como prometedora: que las cuatro municipalidades dejaran de mirar el lago exclusivamente desde sus respectivos límites comunales y comenzaran a planificar su desarrollo como una sola cuenca.
Así surgió la Asociación de Municipalidades de la Cuenca del Lago Llanquihue, constituida formalmente en 2016 y posteriormente reactivada con fuerza. Hubo anuncios, reuniones entre alcaldes, coordinaciones con organismos públicos, proyectos, presencia en medios y hasta la instalación de una estructura administrativa con una Secretaría Ejecutiva.
La expectativa era importante: contar con una institución capaz de articular a las cuatro comunas en materias como medio ambiente, infraestructura, conectividad, turismo, planificación territorial y desarrollo económico.
Diez años después de su constitución, sin embargo, la distancia entre aquella promesa y su situación actual abre interrogantes.
“No estamos avanzando y eso es muy preocupante”, reconoció recientemente el alcalde de Puerto Varas, Tomás Gárate, durante una sesión del Concejo Municipal.
Una organización creada para pensar el lago como una unidad
La lógica detrás de la Asociación era evidente. Los principales desafíos del Lago Llanquihue no reconocen límites comunales.
La calidad de sus aguas, el desarrollo turístico, las actividades productivas, la conectividad alrededor del lago, la protección del borde lacustre, la infraestructura y el crecimiento urbano requieren necesariamente algún grado de coordinación entre Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar y Puerto Octay.
Por ello, los estatutos entregaron a la Asociación atribuciones considerablemente amplias: promover proyectos de inversión, impulsar infraestructura vial y lacustre, desarrollar iniciativas medioambientales, elaborar estudios, establecer convenios con instituciones públicas y privadas y conseguir financiamiento externo.
La organización cuenta además con personalidad jurídica propia, un directorio integrado por representantes municipales y una Secretaría Ejecutiva encargada de llevar adelante su gestión.

¿De dónde sale el dinero?
La Asociación se financia principalmente a través de aportes de las propias municipalidades que la integran, además de tener la posibilidad de recibir recursos provenientes de organismos públicos y privados.
Los antecedentes disponibles permiten comenzar a dimensionar esos aportes.
Durante 2024, por ejemplo, la Municipalidad de Frutillar registró pagos por concepto de cuotas de asociatividad a la Asociación de Municipalidades de la Cuenca del Lago Llanquihue.
Los registros municipales muestran aportes equivalentes a $1 millón mensual, totalizando $12 millones correspondientes a ese año.
A esos recursos se agregan fondos obtenidos para iniciativas específicas. En 2023, por ejemplo, el Gobierno Regional de Los Lagos transfirió $9.381.839 a la Asociación para financiar una iniciativa de monitoreo comunitario de las aguas del Lago Llanquihue.
Por lo tanto, no se trata simplemente de una mesa informal de alcaldes. Existe una organización formal, con personalidad jurídica, financiamiento y una estructura creada precisamente para transformar la coordinación política en proyectos concretos.
De los anuncios a las dificultades
La Asociación tuvo durante los últimos años una presencia pública relevante.
Desde 2021 se impulsó una etapa de reactivación y se instaló una Secretaría Ejecutiva. Gonzalo Larraín Tocornal ejerció esa función entre 2021 y 2024 y posteriormente asumió Allan Vásquez Otey, quien actualmente figura en los registros oficiales de Subdere como secretario ejecutivo. Vásquez es conocido por ser el histórico brazo derecho del senador Fidel Espinoza. Durante años, ejerció como su secretario parlamentario, estratega de campañas y representante legal de Radio Reloncaví, medio vinculado al entorno del congresista.
Gracias a esto, Vásquez dio el salto a la gestión pública local como Secretario Ejecutivo de la Asociación. Desde este cargo, ratificado por los alcaldes de Puerto Varas, Frutillar, Llanquihue y Puerto Octay, actúa como ministro de fe y articulador de los proyectos de desarrollo que se financian mediante la SUBDERE.
La interrogante está en si los resultados alcanzados corresponden a las expectativas, recursos y objetivos con que fue impulsada una asociación llamada a transformarse en una instancia estratégica para toda la cuenca.
“Se ha ido diluyendo”
Esa dificultad quedó públicamente expuesta durante agosto de 2026.
En una sesión del Concejo Municipal de Puerto Varas, la concejala Pamela Bongain, representante de esa comuna ante la Asociación, sostuvo que la instancia “se ha ido diluyendo”, cuestionó que sus integrantes no estuvieran reuniéndose regularmente y planteó la falta de resultados visibles durante 2025 y 2026.
El diagnóstico fue compartido por el propio alcalde Tomás Gárate. “Estamos en un momento delicado en la Asociación de la Cuenca. No tenemos la unión que tuvimos por varios años”, reconoció. Y agregó una frase todavía más categórica: “No estamos avanzando y eso es muy preocupante”.
La situación había tenido otra señal durante marzo, cuando una reunión convocada por la Asociación para analizar la permanencia de las salmoneras en el Lago Llanquihue terminó sin quórum debido a la ausencia de tres de los cuatro alcaldes convocados.
Una necesidad que sigue pendiente
La paradoja es que los problemas que justificaron la creación de la Asociación no han desaparecido.
El crecimiento urbano, la presión inmobiliaria y turística, la protección de las aguas, la conectividad entre las comunas, las actividades productivas y la necesidad de una planificación conjunta hacen que hoy resulte incluso más necesario contar con una instancia capaz de pensar el Lago Llanquihue como una unidad.
La cuenca posee condiciones excepcionales: cuatro comunas con identidad propia, uno de los mayores lagos del país, cercanía con Puerto Montt, conexión aérea nacional y una actividad turística y productiva de enorme relevancia para Los Lagos.
Precisamente por eso las expectativas depositadas en la Asociación fueron altas.
A una década de su creación, la pregunta ya no es si Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar y Puerto Octay necesitan trabajar juntas. La pregunta es por qué una institución creada específicamente para conseguirlo no logró consolidarse como el gran espacio de coordinación y desarrollo de la cuenca que alguna vez prometió ser.




